De los “vasos” de corcho a las colmenas actuales: una historia familiar
En una propiedad familiar de Culla todavía se conservan varias colmenas de corcho cilíndricas que en casa siempre hemos llamado “vasos”. No son reproducciones decorativas: son piezas antiguas que pertenecen a la familia y que se utilizaron para criar abejas y obtener miel.
Su forma, sus marcas y los recuerdos asociados a ellas permiten contar algo más que la evolución de una herramienta. Explican cómo se practicaba la apicultura en el interior de Castellón antes de los cuadros móviles, los vehículos y los equipos de protección actuales.
Por qué estas colmenas de corcho se llamaban “vasos”
La palabra vaso no es un nombre inventado por nuestra familia. Está documentada en la sierra de Espadán, el Maestrat, Els Ports y otras zonas del norte valenciano para designar colmenas tradicionales construidas con piezas de corcho.
También aparecen otros nombres para las colmenas antiguas según el territorio y el material empleado. En el entorno de Culla, sin embargo, “vaso” es la palabra que ha permanecido en la memoria familiar.
Unas fotografías recreadas para conservar la memoria
Las fotografías de este relato se prepararon el 12 de noviembre de 2020. En ellas, Francisco y Carmen, padres de Fernando, se vistieron para recrear el manejo antiguo junto a los vasos familiares.
Conviene explicar con claridad qué muestran estas imágenes. No documentan una jornada apícola de otra época ni pretenden presentar una escena histórica como si hubiera sido fotografiada entonces. Las personas son actuales y la recreación se hizo en 2020, pero las colmenas son piezas familiares que sí se utilizaron para criar abejas.
La intención era guardar una memoria que hasta ese momento se conservaba principalmente en conversaciones: cómo eran los vasos, cómo se transportaban, cómo se sacaba la miel y qué significaban las abejas para las familias que vivían en los masos de la zona.
Una tradición familiar que se sitúa alrededor de 1880
La memoria transmitida entre generaciones sitúa el inicio de la actividad apícola familiar aproximadamente en 1880. No disponemos de un documento que permita fijar ese año como una fecha histórica exacta, por lo que debe entenderse como una referencia oral conservada por la familia.
Tanto la familia de Francisco como la de Carmen tuvieron colmenas en el entorno de Culla. No se trataba necesariamente de una explotación concebida como negocio. Las abejas formaban parte de la economía doméstica y de la vida cotidiana: en palabras de la familia, si querías miel, tenías que cosecharla tú.
Carmen recordaba que, cuando era pequeña, le gustaba tumbarse cerca del colmenar, mirar al cielo y observar el paso de las abejas. Francisco llegó a trabajar directamente con vasos de corcho, siguiendo una práctica que ya conocían las generaciones anteriores.
El manejo de entonces no debe confundirse con una recomendación actual. Los trajes de protección modernos no formaban parte de aquel trabajo cotidiano y las picaduras eran habituales. Hoy la protección personal, el control sanitario y un manejo más seguro son elementos esenciales del oficio.
Cómo era una colmena fijista de corcho
La normativa española distingue entre colmenas fijistas y movilistas. En una fijista, los panales quedan unidos al recipiente y no pueden separarse como los cuadros de una colmena moderna. Los vasos de corcho pertenecen a este primer grupo.
El cuerpo se elaboraba con corteza de alcornoque. El corcho proporcionaba una estructura relativamente ligera y aislante, cualidades útiles para proteger la colonia y para mover las colmenas con los medios disponibles en aquella época.
Dentro del vaso, las abejas construían y fijaban sus propios panales. Unas varas o cañas cruzadas ayudaban a sostenerlos. La familia conserva también nombres relacionados con sus distintas partes y con el manejo:
- Piquera: abertura por la que entraban y salían las abejas.
- Tapa o tapanda: pieza utilizada para cerrar la parte superior.
- Varas interiores: soportes cruzados que ayudaban a sujetar los panales.
- Ahumador: herramienta empleada para facilitar el trabajo cerca de las abejas.
No sabemos quién fabricó exactamente las piezas conservadas y no sería riguroso atribuirlas a un artesano o taller concreto. Sí está documentada la existencia de familias que cosían vasos de corcho en localidades de la sierra de Espadán y los distribuían hacia el Maestrat, Els Ports, Teruel y otros territorios próximos.
La trashumancia con ocho vasos sobre una mula
Las colmenas no permanecían necesariamente durante todo el año en el mismo lugar. La familia recuerda que también se practicaba la trashumancia con los vasos de corcho para aprovechar floraciones de distintas zonas.
Según el relato transmitido por Francisco, podían cargarse aproximadamente ocho vasos en el albardón de una mula. Los desplazamientos se realizaban de noche, cuando las abejas se encontraban dentro de la colmena y las temperaturas eran más bajas.
Desde el interior de Castellón se dirigían hacia tierras de Teruel para seguir floraciones como la del tomillo y hacia la zona de Benicàssim para la floración del azahar. Estos destinos y el número de vasos se presentan como parte de la memoria familiar, no como una descripción general aplicable a toda la apicultura tradicional.
La forma de mover colmenas ha cambiado, pero la decisión sigue dependiendo de las floraciones, el estado de las colonias y las condiciones del viaje. En nuestra guía sobre qué es la trashumancia apícola y por qué se trasladan las colmenas explicamos cómo se valora actualmente un desplazamiento sin publicar rutas ni asentamientos.
Los trayectos exigían pasar muchas horas fuera de casa y adaptarse a los caminos y a los medios disponibles. Francisco recordaba incluso haberse encontrado con ciervos durante las noches de acampada. Es un detalle sencillo, pero ayuda a comprender mejor la dimensión física y territorial del trabajo.
Cómo se cosechaba la miel en un vaso de corcho
En una colmena fijista no era posible levantar un cuadro, inspeccionarlo y devolverlo a su lugar. Para cosechar, había que intervenir directamente sobre los panales que las abejas habían construido y fijado dentro del vaso.
La familia recuerda que se cortaban los panales con miel y se dejaban escurrir para separar la miel de la cera. Era un sistema muy diferente al empleado actualmente y obligaba a alterar una parte mayor de la estructura construida por las abejas.
Esta diferencia es una de las claves para entender por qué los modelos de cuadros móviles se fueron extendiendo. No se trataba solo de cambiar el corcho por madera, sino de modificar la manera de observar la colonia, revisar los panales y organizar la cosecha.
Qué cambió con las colmenas de cuadros móviles
La sustitución de los vasos por cajas de madera no se produjo de un día para otro. En la familia fue una transición gradual entre la forma de trabajar de Francisco y la que más tarde adoptó Fernando.
Las colmenas actuales permiten separar los cuadros. Esto facilita revisar distintas partes de la colonia y retirar para la cosecha únicamente los cuadros que corresponden, sin tener que cortar todos los panales fijados al recipiente.
Esa posibilidad permite observar cada panal por separado sin confundir la revisión general con la selección para cosecha. En cómo se revisa un cuadro de colmena explicamos qué información aportan la cría, las reservas, las abejas y el estado del propio cuadro.
Una vez maduros, los cuadros destinados a la cosecha se desoperculan y la miel se separa mediante centrifugación. La guía sobre cómo se reconoce la miel madura en el panal explica la decisión previa; en cómo se extrae la miel del cuadro al tarro desarrollamos el proceso posterior. La transformación realizada antes por las abejas se explica en cómo elaboran la miel las abejas.
El cambio puede resumirse en cuatro diferencias principales:
- En el vaso, el panal quedaba fijado; en la colmena moderna, los cuadros pueden retirarse.
- Los cuadros móviles permiten observar con mayor detalle el estado de la colonia.
- La cosecha puede concentrarse en los panales maduros que corresponde retirar.
- Los cuadros pueden conservarse y volver a utilizarse después de extraer la miel.
De producir miel para casa a convertirla en un oficio
Durante mucho tiempo, la apicultura familiar estuvo vinculada principalmente al autoconsumo y a la economía de la casa. Fue a principios de los años 2000 cuando Fernando y su hermano comenzaron a tratarla como un trabajo.
Fernando representa actualmente la quinta generación de la familia dedicada a las abejas. Trabaja principalmente con colmenas Langstroth, un modelo de madera con cuadros móviles, y continúa desplazando las colonias para seguir diferentes floraciones.
Las herramientas han cambiado, pero la apicultura continúa dependiendo de las floraciones, el tiempo y los días de vuelo disponibles, además del estado de las abejas y de periodos de trabajo muy concentrados. Una misma variedad puede cambiar de color, aroma, sabor o textura entre cosechas, y algunas campañas producen muchos menos tarros que otras.
Ese oficio actual no se concentra en el momento de cosechar. En nuestro recorrido por un año en el colmenar explicamos cómo se alternan la observación de las colonias, los traslados, la preparación del material y el trabajo fuera del campo.
Por ese motivo, en Miel y Sabor solo se comercializa la miel que consigue recolectar la familia. La disponibilidad no se fija de antemano: depende de lo que permiten las colmenas y el paisaje en cada temporada.
Por qué conservamos estas colmenas
Los vasos ya no producen la miel que se vende actualmente, pero siguen teniendo una función. Permiten explicar de forma tangible cómo trabajaban las generaciones anteriores y cuánto ha cambiado el oficio.
El hijo de Fernando no se presenta como una sexta generación de apicultores. Su papel actual consiste en ayudar con la parte digital, ordenar fotografías y testimonios y acercar el trabajo de su padre y de sus abuelos a personas que no pueden conocerlos directamente.
Por eso era importante diferenciar entre una recreación y una fotografía histórica, entre un documento y un recuerdo oral, y entre lo que sabemos y lo que no podemos afirmar. Conservar la historia familiar también significa contarla sin adornarla.
Puedes ampliar el relato en la página dedicada a nuestra familia. Para conocer el resultado actual de ese trabajo, consulta la colección de mieles de cosecha propia, cuya composición y disponibilidad pueden cambiar con cada floración y cada lote.
Fuentes y método
Este artículo combina piezas y fotografías familiares, recuerdos transmitidos oralmente y fuentes externas. La fecha aproximada de 1880, los desplazamientos concretos y el número de vasos transportados se presentan como memoria familiar, no como hechos acreditados mediante documentación histórica.
- Real Decreto 209/2002 sobre ordenación de las explotaciones apícolas, para las definiciones de colmena fijista y movilista.
- Òscar Pérez Silvestre, Els cosidors de vasos de l’Espadà, sobre terminología, fabricación y distribución territorial de los vasos de corcho.
- Ministerio de Cultura: “Colmena”, sobre la evolución desde las colmenas tradicionales hacia los modelos de cuadros móviles.
Una nota de actualidad del territorio: hemos reunido también las localizaciones reales de Eixam, una película rodada en varios municipios del interior valenciano. Culla no figura entre las localizaciones de rodaje confirmadas que hemos revisado.