Francisco y Carmen junto a las colmenas tradicionales de corcho de la familia en Culla

De los “vasos” de corcho a las colmenas actuales: una historia familiar

En una propiedad familiar de Culla todavía se conservan varias colmenas cilíndricas hechas con corcho. En la familia siempre se han conocido como “vasos”. No son una invención reciente ni un nombre exclusivo de la casa: la palabra está documentada en el Maestrat, la Plana y otras comarcas del norte valenciano para referirse a este tipo de colmenas tradicionales.

Las fotografías que acompañan este relato se prepararon el 12 de noviembre de 2020. En ellas, Francisco y Carmen, los padres de Fernando, se vistieron y recrearon el manejo antiguo junto a piezas que pertenecen a la familia y que sí se utilizaron para criar abejas. No son imágenes de una jornada histórica: quisimos conservar una memoria que, de otro modo, solo habría quedado en conversaciones.

Cuando preparamos este artículo en 2026, Francisco tiene 90 años y Carmen 89. Ambos siguen siendo la memoria viva de esta parte de la historia familiar.

Dos familias que tenían abejas para su propia miel

La tradición familiar sitúa el comienzo de la actividad apícola alrededor de 1880. Es una fecha transmitida oralmente entre generaciones, no una fecha que hoy podamos respaldar con un documento. Por eso la contamos como lo que es: una referencia de la memoria familiar.

Tanto la familia de Francisco como la de Carmen tuvieron colmenas en el entorno de Culla. Carmen recordaba que, cuando era pequeña, las abejas formaban parte de la vida cotidiana. Le gustaba tumbarse cerca del colmenar, mirar al cielo y verlas pasar. Entonces no se entendía necesariamente como un negocio. En palabras de la familia, si querías miel, tenías que cosecharla tú.

Francisco también trabajó con colmenas de corcho, igual que las generaciones anteriores. En aquella época no utilizaban los trajes de protección actuales y las picaduras eran frecuentes. Es un recuerdo del modo de trabajar de entonces, no una práctica que deba imitarse: hoy el equipo de protección y el manejo seguro forman parte del oficio.

Qué era una colmena fijista de corcho

La normativa distingue entre colmenas fijistas, cuyos panales están unidos al recipiente, y colmenas movilistas, que permiten separar los cuadros para inspeccionarlos y extraer la miel. Los “vasos” de la familia pertenecen al primer grupo.

Seis colmenas tradicionales de corcho conservadas por la familia en Culla
Conjunto de antiguas colmenas de corcho de la familia, conocidas localmente como “vasos”.

El cuerpo se construía con corteza de alcornoque. El corcho era ligero y aislante, dos cualidades útiles tanto frente a los cambios de temperatura como durante los desplazamientos. La familia reconoce nombres como piquera para la entrada de las abejas, tapa o tapanda para el cierre superior, y las varas o cañas cruzadas que ayudaban a sostener los panales. También recuerda el uso del ahumador durante el manejo.

Detalle frontal de una colmena tradicional de corcho con piquera y marcas grabadas
Detalle de una colmena de corcho conservada por la familia; en la superficie todavía se distinguen antiguas marcas de identificación.

No sabemos quién fabricó las piezas que se conservan y no sería riguroso atribuirlas a un taller concreto. Sí está documentado que en la sierra de Espadán existieron familias dedicadas a coser vasos de corcho y que se vendían hacia el Maestrat, Els Ports y otros territorios cercanos.

Ocho “vasos” sobre una mula

La trashumancia también se hacía con estas colmenas. Según la memoria familiar, cargaban aproximadamente ocho vasos en el albardón de una mula y se desplazaban de noche. Desde el interior de Castellón viajaban hacia tierras de Teruel para seguir floraciones como la del tomillo y hacia Benicàssim para la floración del azahar.

Moverse de noche ayudaba a trasladar la colonia cuando las abejas estaban dentro y evitaba parte del calor del día. Aquellos trayectos obligaban a pasar muchas horas fuera de casa. Francisco contaba que, durante las noches de acampada vinculadas a la trashumancia, llegó a encontrarse con ciervos. Es uno de esos detalles pequeños que explican mejor el oficio que cualquier frase publicitaria.

Cortar el panal y dejar escurrir la miel

En una colmena fijista no se pueden retirar cuadros completos como en una caja moderna. La familia recuerda que cortaban los panales con miel y los dejaban escurrir para separarla de la cera. Había que intervenir sobre una estructura que las propias abejas habían construido y fijado dentro del vaso.

El sistema actual es distinto. Los cuadros móviles permiten revisar la colonia y retirar solamente los que corresponde cosechar. Después se desoperculan y la familia extrae la miel por centrifugación antes de enviarla a la empresa que realiza el envasado del lote.

Fernando y Francisco recreando el manejo de una colmena tradicional de corcho
Fernando y Francisco recrean el manejo con el que la familia trabajaba antes de adoptar las colmenas de cuadros móviles.

De la producción para casa a un oficio

El paso de las colmenas de corcho a las cajas de madera fue gradual entre Francisco y Fernando. La apicultura siguió siendo durante mucho tiempo una actividad familiar ligada al autoconsumo. Fue a principios de los años 2000 cuando Fernando y su hermano empezaron a tratarla como un trabajo.

Fernando Vidal con traje de apicultor junto a colmenas tradicionales de corcho
Fernando, quinta generación de apicultores de la familia.

Actualmente Fernando es la quinta generación de apicultores de la familia. Trabaja principalmente con colmenas Langstroth, un modelo de madera con cuadros móviles. Continúa desplazando las colmenas según las floraciones, aunque los asentamientos actuales no se publican para proteger el trabajo y las colonias.

Fernando revisando un cuadro con abejas en una colmena Langstroth abierta
Fernando trabaja actualmente con colmenas Langstroth de cuadros móviles.

La tecnología ha cambiado, pero el oficio no se ha vuelto fácil. Depende del clima, de floraciones que no siempre responden igual, de la salud de las abejas y de cosechas variables. También exige trabajo físico, levantar peso, viajar y dedicar muchas horas en momentos muy concretos del año. Quienes conocen a Fernando destacan precisamente eso: trabajo y dedicación sostenidos durante años.

Lo que queremos conservar

El hijo de Fernando no se presenta como una sexta generación de apicultores. Su papel actual es otro: ayudar a ordenar la parte digital, documentar la historia y acercar el trabajo de su padre y de sus abuelos a quienes no pueden conocerlos en persona.

Por eso estas fotografías importan. Francisco y Carmen no posaron para inventar un pasado, sino para ayudarnos a explicar cómo se trabajaba antes. Las colmenas de corcho ya no son las que producen la miel actual, pero conservan una parte de la historia familiar y permiten entender cuánto ha cambiado el oficio.

Puedes conocer mejor a la familia en Nuestra historia y comparar las variedades actuales en la colección de mieles.

Fuentes y contexto

Este texto combina memoria oral familiar con documentación externa. La fecha de 1880 y los desplazamientos históricos se presentan como recuerdos transmitidos entre generaciones.

Seguridad alimentaria: la miel no es apta para menores de 12 meses.

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